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lunes, marzo 16, 2009

Un ejemplo de innovación

Esta entrada es más seria de lo que parece. Realmente, creo que la economía está llena de historias como esta que os pongo aquí.
Hace treinta años las chicas más guapas y populares se sentaban en el último asiento del autobús escolar para cantar esta canción:



Yo las miraba boquiabierto desde cierta distancia. Me hacía gracia el chasquido de los dedos.

Un detalle que no es obvio es que esta canción se escuchaba en la radio y nadie tenía ni idea de la pinta que tenía este hombre. Me quedé bastante sorprendido con su aspecto cuando ví este video en youtube. No obstante, el video que salió en youtube cuando tecleé el título de la canción fue éste:



Claramente, un ejemplo brillante de innovación. Esas fantásticas adaptaciones que la gente hace de las cosas para satisfacer necesidades diversas.



lunes, diciembre 29, 2008

Universidad a la boloñesa

Me he apuntado a un curso de formación que se titula “Aprendiendo a enseñar en el espacio europeo de educación superior (EEES)”. Me he inscrito por varias razones.

1. Es importante formarse, mantenerse al día, salir un poco de la rutina intelectual.

2. Me interesa el tema que enseño en la universidad y me importan mis alumnos.

3. Tengo muchas preguntas sobre el desmesurado proyecto de cambio docente al que nos vamos a someter.

La convergencia europea, plan de Bolonia busca la comparabilidad de los estudios en diferentes universidades y países. En principio suena bien la explicación de Juan Vázquez en La Nueva España. Copio un pequeño extracto:

¿Qué es eso que llamamos Bolonia? Se trata, fundamentalmente, de hacer converger los sistemas universitarios europeos. Pero converger no es ser iguales, sino acercarse, avanzar en una misma dirección y compartir unos elementos comunes. Del mismo modo que la instauración del euro no perseguía una imposible igualación de las economías, sino que éstas cumpliesen unos criterios de convergencia, el avance del Espacio Europeo de Educación Superior se sustenta sobre una serie de elementos compartidos entre los diferentes sistemas universitarios. Los créditos europeos vendrían a desempeñar en este caso el papel de moneda única académica. El reconocimiento de los títulos y la transferibilidad de los créditos tendría un efecto similar al de un desarme arancelario. El suplemento europeo al título equivaldría al pasaporte universitario europeo. La movilidad de los universitarios podría equipararse a la libre circulación de las personas. Los requisitos de acreditación se asimilarían a los sistemas de garantía de la calidad. Y la estructura de tres ciclos de grado, máster y doctorado, a normas de homologación institucionales.

Yo veo un problema en el símil. Se cambió a una moneda común pero, afortunadamente, no se definió en el mismo instante el valor de cada producto. Los créditos evalúan los conocimientos por las horas que se emplean en adquirirlos. Esta es una conocida falacia económica que se puede ver en el siguiente ejemplo: si se tarda una hora en hacer una paella y el dentista tarda un cuarto de hora en empastar una muela una paella debe valer cuatro veces más que un empaste. Yo tengo dificultades para ver que una hora de trabajo con un profesor con premio Nobel y cinco compañeros que aspiran a serlo en la Universidad de Oxford sea igual que una hora de trabajo con un profesor que cree que lo que enseña no sirve para nada acompañado de cien compañeros cuyo padre obliga a ir a la universidad en un apartado rincón de Europa.

Los cursos de formación a los que he asistido hasta ahora inciden en los siguientes puntos:

Competencias, aprender a aprender, motivar al estudiante, presentar el material en contextos significativos (casos prácticos).

Las competencias son difíciles de definir. Tan difíciles que muy a menudo se recurre a competencias triviales (habito de trabajo) que deberían estar desarrolladas antes de llegar a la universidad o competencias que tienen sus propias técnicas de enseñanza (hablar en público, trabajo en grupo).En el ámbito de la enseñanza de la economía a mi se me ocurren las siguientes competencias

1. Pensamiento riguroso y crítico.

2. Entender el papel de los modelos.

3. Entender el papel de la evidencia empírica.

4. Entender el proceso científico.

5. Conocer un listado de cuestiones económicas esenciales tanto tradicionales eomo innovadoras

Todas estas “competencias” pueden ser desarrolladas mientras se procede a una explicación detallada de un resumen de los logros de muchas mentes privilegiadas y laboriosas a lo largo de varios siglos. En otras palabras no tengo ni idea de cómo como se aprende a aprender. La técnica que yo uso es aprender a aprender aprendiendo alguna cosa. En este caso, Economía.

En los cursos de formación de profesorado se propone muy a menudo enseñar con casos. Sin embargo, es muy difícil encontrar casos que traten un número importante de temas relevantes. En cualquier caso, no abunda este material. Finalmente, estoy de acuerdo con la importancia de la motivación pero esto es tan cierto en el sistema actual como en cualquiera que lo sustituya.

Cosas que me extrañan de las propuestas docentes del plan de Bolonia.

1. Se dice que el profesor no presentará material sino que supervisará o facilitará el proceso de aprendizaje. Puede ser factible con alumnos muy motivados pero se me escapa totalmente cómo se hace con alumnos poco motivados.

2. También se dice que es un plan de inspiración anglosajona. Yo he estado en la Universidad de Londres (Wye College) como alumno predoctoral, en UW-Madison como alumno de Doctorado y en UC-Davis como visitante. No soy consciente de que se usase este método ni nada que se le parezca. La clase magistral tradicional en grupos pequeños se complementaba con trabajos, prácticas y lecturas debidamente supervisadas por una legión de profesores ayudantes. No recuerdo ninguna referencia a las competencias, al aprender a aprender, etc.

Aplicación práctica.

La Facultad de Económicas de la Universidad de León va a impartir ¡cinco! nuevos grados. ¿Cómo se decidieron los nuevos grados? Cada uno de ellos es una de las antiguas titulaciones debidamente disfrazada.

¿Cómo se eligieron las asignaturas de cada grado? Las mismas de antes. Si sobraba o faltaba alguna se decidía por la cuota de poder de cada catedrático. Básicamente, por el número de profesores que tenía detrás. En otras palabras, la relevancia didáctica, científica o profesional de una materia depende del número de personas que la impartan actualmente y tengan voto. Mi impresión es que es materialmente imposible dar las mismas asignaturas con mayores requisitos de trabajo por parte de los alumnos.

¿Cómo se elaboraron los programas? Básicamente, se usaron los mismos de antes. De nuevo, mi impresión es que es imposible dar el mismo material “traspasando” la responsabilidad del aprendizaje a los alumnos. También creo que es imposible trabajar a la misma velocidad sobre casos y ejemplos prácticos.

La “supervisión” del proceso de aprendizaje parece que requiere mucho más trabajo por parte del profesor que la lección magistral. ¿Cuántos nuevos profesores se van a contratar? Ninguno.

jueves, noviembre 06, 2008

Ferran Adrià quiere comer en un McDonald's

Varios diarios, entre ellos El País, se hacen eco de una entrevista al genio culinario Ferran Adrià en la que presuntamente habla en términos favorables de la cadena de restaurantes McDonalds. Yo no soy capaz de sacarle esa lectura a la entrevista pero sí que me ha logrado interesar desde el punto de vista económico. Comentó alguna de las frases del artículo.
Y es que en una entrevista concedida a The Independent, Adrià reconoce que no hay restaurante en el mundo que pueda hacer una hamburguesa mejor por el precio que ofrece el gigante estadounidense.
Me parece muy interesante hacer referencia a los costes y al precio a la hora de comparar productos de distintas calidades. Sin embargo, hay un problema: que no se pueda hacer mejor no quiere decir que la que se haga sea buena.

"No creo que la gente debería decir que el McDonald's no es bueno si no existe una alternativa por el mismo precio. Es como decir que todo el mundo debería conducir un Rolls Royce; la mayoría no lo hace. Los coches tienen el precio que tienen".
"Si contrataran a los 10 mejores cocineros del mundo, no podrían hacer una mejor hamburguesa con ese valor. Subirían el precio y harían una hamburguesa de la mejor calidad con carne fresca. Y la gente tendría la opción de comerla, pero pagando tres veces más".
Otra frase problemática. La gente conduce coches mucho más baratos que un Rolls pero, en Europa, estará prohibido conducir el Tata Nano (1700 euros) por problemas de seguridad y de emisiones.
En el mundo civilizado se fija una calidad mínima de los productos y los empresarios tratan de producir esa calidad de forma tan barata como les sea posible. No ocurre lo contrario: que alguien produzca a un determinado coste y luego si se le critica la calidad del producto te conteste que trates tú de aumentar la calidad a ese precio.
Los temas interesantes son:
1. El establecimiento de estándares mínimos de calidad por parte de los gobiernos. ¿Quién los fija? ¿Qué consecuencias tienen para el bienestar de los consumidores y para los costes de producción?
2. Nutrición. La raza humana ha evolucionado en un mundo con una escasez importante de nutrientes y una vida muy corta y activa. La situación ahora es la contraria: abundancia de nutrientes en una vida larga y sedentaria. Por tanto, las preferencias más primarias no sirven para tomar decisiones individuales racionales sobre este tema. Es necesaria información y formación para nutrirse adecuadamente. ¿Proporciona el mercado este tipo de producto? Mi primera impresion es que no.

sábado, octubre 18, 2008

Krugman on the internet II

La discusión de Krugman sobre internet aparece en mis apuntes de Microeconomía desde hace bastantes años.


Producto marginal en la nueva economía (redes, internet, nuevas tecnologías)

Tenemos cinco ciudades (A,B,C,D y E) situadas en una línea recta a una unidad de distancia cada una de la siguiente. El input es el cable. El output son las conexiones.

El gráfico representativo de la situación es el siguiente:

A ------------------ B ------------------ C ----------------- D----------------- E

La siguiente tabla muestra las conexiones (output) obtenidas con unidades adicionales de input (cable). En definitiva, el producto marginal de input cable.

INPUT

Unidades de cable

OUTPUT

Conexiones posibles

PRODUCTO MARGINAL
1 (AB) 1 -
2 (BC) 3 2 (BC, AC)
3 (CD) 6 3 (CD, AD, BD)
4 (DE) 10 4 (DE, AE, BE, CE)

La formulación general del número de conexiones es la siguiente:

donde, x es el número de unidades de cable usadas y z es el número de conexiones. El número de conexiones se calcula como combinaciones binarias del número de ciudades que se conectan. El número de ciudades conectadas es el número de unidades de cable usadas más uno.

La segunda derivada de z con respecto a x muestra que el producto marginal es creciente:

En principio, parece que el producto marginal es creciente. Sin embargo, la situación no es del todo realista, ya que los operadores conectan en primer lugar las ciudades más grandes y luego van conectando ciudades cada vez más pequeñas. Por ejemplo, la ciudad A sería Madrid, B Barcelona, C Valencia, etc. Por lo tanto, el número de conexiones aumenta pero el “valor” de cada nueva conexión es cada vez más pequeño.

Este ejercicio está basado en el artículo de Paul Krugman titulado “The Victorian Internet”. El artículo es un comentario a la publicación de un libro con el mismo título.

Otra cuestión que merece ser mencionada es el acierto de Hal Varian en el análisis de las redes y nuevas tecnologías usando microeconomía bastante básica.

Las ideas de este ejercicio pueden ser adaptadas con éxito al análisis de redes de transporte (aviones, autobuses, etc).

Krugman on the internet I

Creo que este artículo de Krugman está relacionado con una entrada del blog de Javi.

NETWORKS AND INCREASING RETURNS: A CAUTIONARY TALE

I just read a terrific little book by Tom Standage, The Victorian Internet, a history of the rise of the telegraph. The story is, just as he claims, a great metaphor for the rise of the Internet; indeed, it is a stunningly close parallel in many respects. Standage uses the story in part to caution against the naive view that the Internet will eliminate nationalism, foster world peace, or promote a new golden age of culture. But the story also offers a more mundane cautionary lesson, suggesting that we should be skeptical about some of the enthusiastic claims about the rules under which the "new economy" works.

One of the key propositions of the "new economy" view is the idea that networks are inherently a source of very strong increasing returns; enthusiasts like Kevin Kelly like to invoke "Metcalfe's Law", which says that the usefulness of a network is proportional to the square of the number of people it connects, because that is the number of possible directions of communication. If you think that something like Metcalfe's Law actually applies, it has dramatic implications for economic dynamics. It suggests, for example, that networks are hard to get started, even when the technology is there, because it isn't worth investing in a connection unless enough other people are already connected. But once a network passes the tipping point at which connecting starts to happen, it should experience explosive growth, because each successive connection will be more valuable than the one before.

A telegraph example actually demonstrates the force of this argument quite nicely. Imagine a nation consisting of a number of equal-sized cities, each with 100 people. (Numbers are chosen for expository convenience, not realism!) If someone builds a telegraph line connecting two of the cities, it will make 10,000 two-way communications possible (from each of the inhabitants of one city to each of the inhabitants of the other). But when a third city is added to the network, this adds 20,000 possible communications, because the new city can communicate with the 200 people already in the network. And the fourth connection adds 30,000 possible links.

It's easy to see that in this case investors might be doubtful about the potential business on a single telegraph line; only once several lines had already been built would the economics of building still more become favorable, and then they would become ever more favorable.

The history of the telegraph, however, doesn't actually look that way. There was explosive growth, all right: the U.S. telegraphic network expanded 600-fold between 1846 and 1852. But the pause between when the technology was ready and the commercial applications began was negligible: as soon as an experimental line between Baltimore and Washington was up and running, investors were up and running too.

Why didn't investors hesitate? For one obvious reason: cities were not all the same size, and they could start by building lines connecting the biggest cities. A line between New York and Philadelphia already connected a large number of potential customers. And conversely, later lines did not necessarily add more potential communications than the existing ones: they connected to a bigger existing base, but they ran to smaller cities. In short, the inequality of city sizes meant that the network was not all that subject to increasing returns after all.

Of course, this all depends on the distribution of city sizes; but we know something about that. Somewhat mysteriously (see my book The Self-Organizing Economy) the size distribution of cities in the United States has long been quite well described by the "rank-size rule": the second city has half the population of the first, the third 1/3 the population, and so on. So imagine a country whose biggest city has 120 people, the next 60, the third 40, and so on. And now ask how many possible communications are added when each city enters the network, assuming - as is reasonable - that cities enter in size order.

Well, the connection between the two biggest cities will create 7200 (120 × 60) possible communications. Adding the third city to the network will add another 7200 (180 × 40). Then the network starts to run into diminishing returns: the next connection adds 6600 possible communications, the one after that 6000, and so on. The size of the base to link to keeps getting bigger, but the size of the next city keeps getting smaller, and the latter effect dominates.

The point is not that networks necessarily face diminishing rather than increasing returns; rather it is that increasing returns are by no means guaranteed. Against Metcalfe's Law must be set DeLong's Law (after Berkeley's Brad DeLong, who has made this point several times): in building a network, you tend to do the most valuable connections first. Is the net effect increasing or diminishing returns? It can go either way.

Increasing returns are, of course, more fun to think about - but that is itself a reason for caution. "New economy" types have a tendency to tell great stories, both about the economy and about themselves. Alas, the fact that a story is entertaining doesn't mean that it is true.

viernes, septiembre 19, 2008

Principios básicos de economía y crisis financiera

No he escrito nada en el blog en unos días. Siempre tengo algún tema en mente pero mi subconsciente me impedía escribir sobre ellos con la que está cayendo. La crítica obvia es que debería haber escrito sobre la que está cayendo y el contraataque sería que no se debe escribir sobre lo que no se entiende.
¿Qué ha cambiado para que pueda escribir algo sobre la que está cayendo? Lo primero que ha ocurrido es que algunas personas han hecho un magnífico trabajo de desbroce y ya se empieza a ver un poco de luz. Empezando por cerca de casa, Javi y otros amigos me han ayudado a entender algunas cosas. Más lejos de casa, recomiendo el blog de Steven Levitt en el NYT (Freakonomics).
Lo segundo es que a pesar de que algunos digan de nos enfrentamos a un nuevo paradigma a mi me parece que nos enfrentamos a una nueva versión de viejos pares de problemas y oportunidades. Por tanto, me apresto a entrar un poco en el problema usando los principios más básicos de economía y el modelo más simple (dos trogloditas).
Pedir la reducción o la eliminación de determinadas operaciones financieras es equivalente a pedir la restricción o la prohibición de la aviación comercial tras cada accidente aéreo. Eso estaría bien si la aviación comercial se hubiese desarrollado con el propósito explícito de matar gente pero se ha desarrollado para que la gente busque las mejores oportunidades de consumo, producción y relación a una distancia más grande. El sistema financiero es parecido a la aviación. Nos permite hacer las cosas más inverosímiles aunque siempre nos caben dudas de la seguridad del medio que se usa.

El problema básico ahora y siempre,,en el sector financiero y en el del porcino, es la escasez. El intercambio voluntario (mercado) es un sistema de gestión de la escasez como puede serlo una distribución de los recursos escasos dictados por una persona o un grupo (planificación central). El intercambio no es el problema básico (escasez) sino una solución imperfecta en constante evolución como lo sería cualquier otro sistema de gestión de la escasez que se hubiese implantado.

Caso 1.
El troglodita A tiene peras y el B tiene manzanas. Están hartos de comer siempre lo mismo y deciden intercambiárselas una por una. De esta manera, ambos comen peras y manzanas. No es difícil ver que el intercambio lleva mucho tiempo con nosotros para nuestro beneficio y es previo a la existencia de dinero.

Caso 2
El troglodita A tiene tantas manzanas en la primera mitad del año que le duele la barriga todas las noches. En la segunda mitad del año le duele la barriga pero de hambre. Por alguna razón el troglodita B le pasa lo contrario. Por tanto, el troglodita A le da la mitad de su cosecha al B y el B se la devuelve en la segunda mitad del año. Acabamos de inventar el préstamo sin haber inventado el dinero.
Un detalle interesante que aprendí estudiando equilibrio general es qué ocurre si el troglodita A se da cuenta de que las manzanas se conservan en el fondo de la cueva. De algún modo, el fondo de la cueva y el préstamo son sustitutivos. Es decir, que el préstamo puede verse como un cambio técnico equivalente a usar el fondo de la cueva como nevera. Por tanto, podemos esperar dos cosas
a) si los inventos y descubrimientos mejoran nuestra vida el objeto equivalente (el préstamo) también lo hace.
b) que las neveras se hagan cada vez más sofisticadas, que los préstamos también y que siempre haya algún tipo de sustitución entre ellos.
c) poner restricciones a la evolución de los préstamos tiene el mismo tipo de consecuencias que poner freno a la evolución de las neveras.

Los problemas de este intercambio en dos momentos del tiempo surgen de inmediato:
¿Qué pasa si el troglodita B no obtiene una cosecha?
Los intercambios en el tiempo están sometidos a incertidumbre. Ante los fallos del sistema de intercambio podemos volver al dolor de barriga (por hartura y por hambruna) o buscar mejoras en el sistema de intercambio. Una solución obvia es hacer el intercambio con diez trogloditas geográficamente dispersos. Todos los años fallará alguno pero no todos. Por tanto, puedes tener una idea bastante ajustada de cuánto puedes esperar de esos intercambios.
Los problemas se vuelven pronto muy sofisticados aún sin dinero. Dos ideas:
1. ¿Qué pasa si el troglodita B no se molesta en recoger la cosecha? Es decir, como ya ha obtenido su parte del intercambio ahora no tiene tanto interés en esforzarse.
2. ¿Qué pasa si los malos recolectores están siempre dispuestos a aceptar préstamos?

Es decir, los problemas de riesgo moral y selección adversa surgen pronto. En diez días empezará una nueva edición de TEDI donde estudiaremos con gran detalle estos problemas.

El dinero.
Es un instrumento para agilizar las operaciones descritas previamente. Reduce los costes de transacción. Cuando quiero comprar pan no tengo que buscar un panadero interesado en una clase de modelos económicos con riesgo (me dan mareos de hambre sólo de pensarlo). En consecuencia, los intercambios son más frecuentes y beneficiosos pero también más complejos.
Yo no me imagino un sistema de intercambio sin una regulación que
a) los permita y favorezca
b) No cercene las innovaciones
Esta regulación no es ni mucho menos obvia, está en continua evolución y se cometen tantos fallos en ella como en el diseño de cualquier producto sofisticado.

En resumen, los intercambios son una gran cosa, los intercambios en el tiempo (finanzas) son una cosa todavía más interesante y nunca hemos dejado de solucionar los problemas que plantean. Hemos sido capaces de crear las instituciones y las regulaciones que hacen que funcionen con cierta solvencia.
De vez en cuando habrá un accidente grande o pequeño. Lo grande o pequeño dependerá del tiempo que dejemos transcurrir sin pensar en las innovaciones que surgen. Por otra parte, los problemas no serán fáciles de adivinar antes de que ocurran y tenemos que lidiar con ellos cuando están aquí y toman un cariz ciertamente dramático.

lunes, mayo 12, 2008

CREC epílogo

La asignatura de Crecimiento Económico está llegando a su fin. Hemos dedicado bastante tiempo al análisis detallado del modelo de Solow y, llegado este momento, creo que merece la pena hacer algunos comentarios sobre este modelo.

El primer comentario es que no hay conocimiento económico generado fuera de los modelos. Si el modelo sabe a poco es tarea de las nuevas generaciones llevarlo al siguiente estadio.

El segundo comentario es que la fina inteligencia de Robert Solow consigue resultados espectaculares haciendo una distinción clara entre acumular más máquinas y disponer de máquinas más sofisticadas (alternativamente, técnicas o instituciones). Es decir, entre la acumulación de capital y el cambio técnico.
Esta aparentemente intrascendente distinción permite desmontar uno de los mitos fundamentales del crecimiento y desarrollo económico: el papel causal de la inversión. Cualquier proceso de crecimiento tiene que ir acompañado de un proceso de inversión. Pero, realmente, la inversión es un síntoma del crecimiento económico y no su causa. Por tanto, un programa de inversión "forzada" no conduce necesariamente a un proceso de crecimiento sostenido. Sin embargo, el cambio técnico si es una causa fundamental del crecimiento ya que, manteniendo constantes todos los demás factores aumenta el rendimiento y, por tanto, fomenta la inversión. Este resultado no parece estar en la caja de herramientas de los gestores de política económica que aparecen en los medios de comunicación pidiendo más invérsión para sus territorios.
El tercer comentario es que el modelo de Solow obliga a reflexionar sobre la naturaleza del cambio técnico. En su versión más mundana el cambio técnico se igualaría a tener máquinas cada vez más sofisticadas: azadas, arados, tractores … El siguiente escalón de sofisticación sería entender el cambio técnico como el surgimiento de determinadas ideas que permiten combinar los recursos de manera más ventajosa. El último escalón sería incluir en este concepto las instituciones políticas y sociales de un territorio. Es decir, entender que hay instituciones que permiten producir más con unos determinados recursos que otras. Por ejemplo, la seguridad jurídica y un sistema judicial ágil y efectivo.
Mi ordenación de los escalones en la definición del cambio técnico dependen de la dificultad de su implantación. En palabras llanas, cualquiera puede comprar una máquina en Estados Unidos y llevarla al país más pobre de la tierra aunque algunos gobiernos ponen impedimentos incluso a esta sencilla tarea. Un poco más difícil es que el país disponga del nivel educativo y los incentivos que permitan que las ideas se generen y se apliquen. La razón es que no es evidente como crear, promocionar o diseñar instituciones económicas, políticas y administrativas que fomenten la innovación.
Esta reflexión debería hacer pensar a los gestores de política económica. Salvadas las restricciones presupuestarias, no es difícil aumentar en casi cualquier porcentaje el gasto en investigación y desarrollo. Sin embargo, no es lo mismo aumentar el gasto en esta partida que conseguir que la innovación sea una parte sustancial del proceso productivo.

viernes, abril 25, 2008

La uniformidad es enemiga de la innovación


Encadenamos tres días de fiesta en la Universidad de León. El miércoles la fiesta de la Comunidad Autónoma, el jueves fiesta local de la “independencia” de León y hoy fiesta universitaria (San Isidoro). Como decía, una buena manera de enfocar el fin de curso con racionalidad. Sin embargo, como mis clases son los lunes y los martes, este año apenas me han afectado los diversos puentes y acueductos y he logrado dar con un poco de calma el tema de Competencia Monopolística.
La clave de este modelo (estructura de mercado) es que numerosos competidores venden un producto ligeramente diferenciado. Por tanto, los consumidores tienen más opciones a costa de pagar un precio superior al de un producto no diferenciado.

Empecé la presentación del tema hablando de uniformes del colegio. Animé a los alumnos a que presentasen las dos visiones contrapuestas que hay sobre el tema. Una alumna comentó su disgusto por haber llevado uniforme porque, de algún modo, limitaba una forma de expresión personal. El resto de los alumnos y un servidor mencionamos las ventajas de llevar uniforme. Todas ellas conducen a un coste bajo:
1. No hay nada que pensar cada mañana ni hace falta ir de compras con frecuencia.
2. Se limitan las discusiones sobre lo que constituye un atuendo adecuado. Se elimina la presión social sobre la apariencia.
3. Dos o tres recambios de cada pieza (pantalón, camisa, chaqueta) son más que suficientes para pasar un curso académico.


Aparentemente, las ventajas superan a los inconvenientes de no poder usar la ropa como forma de expresión personal. Sin embargo, en cuanto se cambia el ejemplo la balanza se mueve en dirección contraria a la uniformidad. El segundo ejemplo que propuse fue el de los automóviles.




Imaginad un mundo en que el gobierno haya decidido que ahorremos en la compra de automóviles. Básicamente, en los concesionarios hay tres tipos de automóviles: pequeño, mediano y grande.
Si todos los coches son iguales ¿Cómo pueden cambiar? Es importante darse cuenta de que existe una relación esencial entre avance en la tecnología automovilística y diferenciación. La innovación llega a través de diferenciaciones continuas y sucesivas de los automóviles. En un mundo con tres tipos de automóviles todos seguiríamos conduciendo algo parecido a los SEAT de los años 60.









Esta relación entre diferenciación e innovación es la base de los modelos teóricos más avanzados de crecimiento económico. Por otra parte, esta idea puede abrir un debate sobre los intentos de uniformización europea de la enseñanza universitaria.


martes, marzo 25, 2008

Innovación y crisis finaciera

Se puede ser casi un experto en el tema:

1. Escuchando esta magnífica conferencia de Paul Krugman.



2. Leyendo a Paul Krugman en el New York Times.
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March 24, 2008
Taming the Beast By PAUL KRUGMAN
We’re now in the midst of an epic financial crisis, which ought to be at the center of the election debate. But it isn’t.
Now, I don’t expect presidential campaigns to have all the answers to our current crisis — even financial experts are scrambling to keep up with events. But I do think we’re entitled to more answers, and in particular a clearer commitment to financial reform, than we’re getting so far.
In truth, I don’t expect much from John McCain, who has both admitted not knowing much about economics and denied having ever said that. Anyway, lately he’s been busy demonstrating that he doesn’t know much about the Middle East, either.
Yet the McCain campaign’s silence on the financial crisis has disappointed even my low expectations.
And when Mr. McCain’s economic advisers do speak up about the economy’s problems, they don’t inspire confidence. For example, last week one McCain economic adviser — Kevin Hassett, the co-author of “Dow 36,000” — insisted that everything would have been fine if state and local governments hadn’t tried to limit urban sprawl. Honest.
On the Democratic side, it’s somewhat disappointing that Barack Obama, whose campaign has understandably made a point of contrasting his early opposition to the Iraq war with Hillary Clinton’s initial support, has tried to score a twofer by suggesting that the war, in addition to all its other costs, is responsible for our economic troubles.
The war is indeed a grotesque waste of resources, which will place huge long-run burdens on the American public. But it’s just wrong to blame the war for our current economic mess: in the short run, wartime spending actually stimulates the economy. Remember, the lowest unemployment rate America has experienced over the last half-century came at the height of the Vietnam War.
Hillary Clinton has not, as far as I can tell, made any comparably problematic economic claims. But she, like Mr. Obama, has been disappointingly quiet about the key issue: the need to reform our out-of-control financial system.
Let me explain.
America came out of the Great Depression with a pretty effective financial safety net, based on a fundamental quid pro quo: the government stood ready to rescue banks if they got in trouble, but only on the condition that those banks accept regulation of the risks they were allowed to take.
Over time, however, many of the roles traditionally filled by regulated banks were taken over by unregulated institutions — the “shadow banking system,” which relied on complex financial arrangements to bypass those safety regulations.
Now, the shadow banking system is facing the 21st-century equivalent of the wave of bank runs that swept America in the early 1930s. And the government is rushing in to help, with hundreds of billions from the Federal Reserve, and hundreds of billions more from government-sponsored institutions like Fannie Mae, Freddie Mac and the Federal Home Loan Banks.
Given the risks to the economy if the financial system melts down, this rescue mission is justified. But you don’t have to be an economic radical, or even a vocal reformer like Representative Barney Frank, the chairman of the House Financial Services Committee, to see that what’s happening now is the quid without the quo.
Last week Robert Rubin, the former Treasury secretary, declared that Mr. Frank is right about the need for expanded regulation. Mr. Rubin put it clearly: If Wall Street companies can count on being rescued like banks, then they need to be regulated like banks.
But will that logic prevail politically?
Not if Mr. McCain makes it to the White House. His chief economic adviser is former Senator Phil Gramm, a fervent advocate of financial deregulation. In fact, I’d argue that aside from Alan Greenspan, nobody did as much as Mr. Gramm to make this crisis possible.
Both Democrats, by contrast, are running more or less populist campaigns. But at least so far, neither Democrat has made a clear commitment to financial reform.
Is that simply an omission? Or is it an ominous omen? Recent history offers reason to worry.
In retrospect, it’s clear that the Clinton administration went along too easily with moves to deregulate the financial industry. And it’s hard to avoid the suspicion that big contributions from Wall Street helped grease the rails.
Last year, there was no question at all about the way Wall Street’s financial contributions to the new Democratic majority in Congress helped preserve, at least for now, the tax loophole that lets hedge fund managers pay a lower tax rate than their secretaries.
Now, the securities and investment industry is pouring money into both Mr. Obama’s and Mrs. Clinton’s coffers. And these donors surely believe that they’re buying something in return.
Let’s hope they’re wrong.
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March 21, 2008
Partying Like It’s 1929 By PAUL KRUGMAN
If Ben Bernanke manages to save the financial system from collapse, he will — rightly — be praised for his heroic efforts.
But what we should be asking is: How did we get here?
Why does the financial system need salvation?
Why do mild-mannered economists have to become superheroes?
The answer, at a fundamental level, is that we’re paying the price for willful amnesia. We chose to forget what happened in the 1930s — and having refused to learn from history, we’re repeating it.
Contrary to popular belief, the stock market crash of 1929 wasn’t the defining moment of the Great Depression. What turned an ordinary recession into a civilization-threatening slump was the wave of bank runs that swept across America in 1930 and 1931.
This banking crisis of the 1930s showed that unregulated, unsupervised financial markets can all too easily suffer catastrophic failure.
As the decades passed, however, that lesson was forgotten — and now we’re relearning it, the hard way.
To grasp the problem, you need to understand what banks do.
Banks exist because they help reconcile the conflicting desires of savers and borrowers. Savers want freedom — access to their money on short notice. Borrowers want commitment: they don’t want to risk facing sudden demands for repayment.
Normally, banks satisfy both desires: depositors have access to their funds whenever they want, yet most of the money placed in a bank’s care is used to make long-term loans. The reason this works is that withdrawals are usually more or less matched by new deposits, so that a bank only needs a modest cash reserve to make good on its promises.
But sometimes — often based on nothing more than a rumor — banks face runs, in which many people try to withdraw their money at the same time. And a bank that faces a run by depositors, lacking the cash to meet their demands, may go bust even if the rumor was false.
Worse yet, bank runs can be contagious. If depositors at one bank lose their money, depositors at other banks are likely to get nervous, too, setting off a chain reaction. And there can be wider economic effects: as the surviving banks try to raise cash by calling in loans, there can be a vicious circle in which bank runs cause a credit crunch, which leads to more business failures, which leads to more financial troubles at banks, and so on.
That, in brief, is what happened in 1930-1931, making the Great Depression the disaster it was. So Congress tried to make sure it would never happen again by creating a system of regulations and guarantees that provided a safety net for the financial system.
And we all lived happily for a while — but not for ever after.
Wall Street chafed at regulations that limited risk, but also limited potential profits. And little by little it wriggled free — partly by persuading politicians to relax the rules, but mainly by creating a “shadow banking system” that relied on complex financial arrangements to bypass regulations designed to ensure that banking was safe.
For example, in the old system, savers had federally insured deposits in tightly regulated savings banks, and banks used that money to make home loans. Over time, however, this was partly replaced by a system in which savers put their money in funds that bought asset-backed commercial paper from special investment vehicles that bought collateralized debt obligations created from securitized mortgages — with nary a regulator in sight.
As the years went by, the shadow banking system took over more and more of the banking business, because the unregulated players in this system seemed to offer better deals than conventional banks. Meanwhile, those who worried about the fact that this brave new world of finance lacked a safety net were dismissed as hopelessly old-fashioned.
In fact, however, we were partying like it was 1929 — and now it’s 1930.
The financial crisis currently under way is basically an updated version of the wave of bank runs that swept the nation three generations ago. People aren’t pulling cash out of banks to put it in their mattresses — but they’re doing the modern equivalent, pulling their money out of the shadow banking system and putting it into Treasury bills. And the result, now as then, is a vicious circle of financial contraction.
Mr. Bernanke and his colleagues at the Fed are doing all they can to end that vicious circle. We can only hope that they succeed. Otherwise, the next few years will be very unpleasant — not another Great Depression, hopefully, but surely the worst slump we’ve seen in decades.
Even if Mr. Bernanke pulls it off, however, this is no way to run an economy. It’s time to relearn the lessons of the 1930s, and get the financial system back under control.

sábado, marzo 22, 2008

Los logros educativos de un artista

Dedicado con mucho cariño a un maestro, economista y cineasta ilustrado que dice ser mi alumno cuando yo creo que es al revés.

El Presidente del Gobierno y la Ministra de educación han afirmado en alguna ocasión que los logros académicos de los estudiantes españoles deben ser analizados a la luz de nuestra historia reciente y no tan reciente. En el caso concreto de los resultados del informe PISA atribuían una parte de los resultados al nivel educativo de los padres.
Yo soy bastante escéptico con esta explicación pero no la descarto totalmente. Tengo varios amigos que, con importantes matices, usan argumentos parecidos para explicar algunas anomalías políticas, laborales y sociales de nuestro país.

En el caso que hoy me ocupa, la diferente aceptación de los productos audiovisuales americanos y españoles se atribuye al supuesto lavado de cerebro que lleva a cabo la industria a base de dólares. Sin embargo, hay otros factores que afectan al resultado. Entre estos factores, está el nivel educativo de las personas que participan en el negocio audiovisual en Estados Unidos.

Os voy a poner un ejemplo de un artista americano y os animo a que lo comparéis con cualquier artista español contemporáneo.

Kris Kristofferson estudió el equivalente americano a la Licenciatura en Pomona College y tiene un Master en Literatura Inglesa por la Universidad de Oxford. Este Master lo consiguió con una beca Rhodes.
Por ejemplo, ésta es la beca que le permitió a Bill Clinton dejar atrás oscuros tiempos de pobreza en Arkansas y hacer historia. También es la beca que le permitió a Chris Barret pasar por Oxford antes de ser mi compañero en Wisconsin y convertirse en una de los economistas de desarrollo más prolíficos de la actualidad. Kristofferson alcanzó el grado de Capitán en el ejército americano y es piloto de helicópteros.

El caso es que a los treinta años renunció a una plaza de profesor en la academia militar de West Point para dedicarse a tiempo completo a la música. Esta decisión le llevó a tener que trabajar de barrendero en un estudio de grabación y a jugarse la vida los fines de semana haciendo piruetas con el helicóptero en una plataforma petrolífera del golfo de México. Su carrera de piloto terminó abruptamente y comenzó la de músico el día que, harto de que nadie le hiciese caso, aterrizó en el jardín de Johnny Cash para enseñarle unas composiciones.

¿Por qué me ha llamado la atención Kris Kristofferson?
En primer lugar, me di cuenta de que en la madurez había modificado su canción “Help me make it through the night”.




En concreto, cuando la letra de la canción dice “I don’t care what's right or wrong” (2’ 47’’) hace una pausa y dice: “yes, I do”. Kris tiene ahora casi 72 años y sigue desafiando los elementos para hacer lo que más le gusta.




Sigue parando un momento y diciendo “Sí, me importa lo que está bien o lo que está mal”. Me siento cerca de Kris porque a mi también me importa lo que está bien y lo que está mal.


En segundo lugar, me llama también la atención porque tiene la edad de mi padre, de Amancio Ortega y de Mario Vargas Llosa. Cecilia Monllor ha logrado uno de los mejores comienzos de una historia empresarial que recuerdo en su libro “Zarapolis”. Según esta escritora, el ángel encargado de distribuir los talentos tuvo un día muy agitado el 28 de marzo de 1936. En el mismo día tuvo que desplazarse a Arequipa (Perú) para concederle a Mario Vargas Llosa el talento de la escritura y a Busdongo de Arbás (León) para concederle el talento de la innovación a Amancio Ortega. Simplemente, el paso por la carretera nacional a Asturias o parar a tomar unas tapas o el plato del día en los razonables restaurantes os hará entender lo que tuvo que sentir el ángel al llevar tan extraño talento a tan bonito pero improbable lugar.

¿Hay algo de economía en esta historia?
Está el tema del capital humano.
En cualquier barra de bar puedes encontrar a un grupo de personas echándose unas risas a costa de la ignorancia de los americanos. Sin embargo, la historia no encaja bien con las simples estadísticas numéricas sobre asistencia a la universidad a partir de la segunda guerra mundial. La historia se vuelve mucho más en contra de los chistosos si ponderamos las estadísticas por la calidad de los centros de educación superior. Finalmente, la diferencia es simplemente devastadora si nos fijamos en su grado de eficiencia. Por ejemplo, no dedican doce años a aprender un idioma extranjero sin ser capaces de balbucear unas palabras.

Está el tema del éxito profesional
En el primer video vemos a cuatro consagrados cantantes de country haciendo una gira conjunta bajo el nombre de “The Highway men”. ¿Necesitaban el dinero? Aunque ya tenían mucho puede que el dinero fuese una variable explicativa. Sin embargo, viendo la cara que ponen al tocar me da la impresión de que buscaban y habían encontrado otra cosa. Este tema os lo puede explicar bien mi amigo Hector Escobar bajo el prisma de su experiencia en “Los Flechazos”.


Está el tema de la excentricidad y la innovación
Yo creo que en nuestro país no mimamos lo suficiente a los que están dispuestos a hacer cosas excepcionales. Kris pudo haber sido un excelente profesor en West Point, haberse jubilado hace veinte años y estar jugando al golf en Florida. Sin embargo, sigue pasando más frío que un mono en los escenarios. El disfruta mientras nos ha regalado, entre otras, una de las canciones más conocidas del siglo XX. Prefiero la versión de Janis Joplin pero así interpreta Kris su gran éxito junto a Judy Collins:

jueves, marzo 06, 2008

¿Propiedad? ¿Intelectual?

Mi impresión es que la Economía ha llegado bastante lejos en la comprensión del problema de la descarga “ilegal” de canciones. Es una pena que los conocimientos del libro básico de Economía no lleguen ni siquiera a los alumnos que cursan la asignatura. Vamos allá.

Tipos de bienes
1. Bien rival.
El consumo por parte de una persona impide el consumo por parte de otra. Por ejemplo, un pincho de tortilla.
2. Bien NO rival.
El consumo por parte de una persona NO impide el consumo (o uso) por parte de otra. Por ejemplo, yo puedo cantar una canción en la ducha mientras otra persona canta la misma canción en cualquier otro lugar del mundo.

Conceptos de propiedad
1. La propiedad como sentimiento.
Caminando por la calle veis un perro de raza peligrosa mordisqueando un hueso. Acercad la mano al hueso y podréis experimentar de forma profunda la naturaleza del sentimiento de propiedad. Es probable que el hueso lo haya comprado el dueño de un perro más pequeño, que el perro no tenga el recibo o la escritura a mano pero el sentido de la propiedad está ahí.
2. La propiedad como derecho.
Se trata de un conjunto de normas e instrumentos jurídicos con las que nos hemos dotado para, entre otras cosas, adaptar el sentimiento de propiedad a la convivencia pacífica. Estas normas e instrumentos deberían tener y de hecho tienen en cuenta el tercer concepto.
3. La propiedad como institución económica básica.
La correcta definición de la propiedad es básica para la producción e intercambio de bienes. La importancia de la propiedad está muy clara en el caso de los bienes rivales. Cuando deseo consumir (usar) un bien rival tengo que convencer a otra persona de que me fabrique uno (o no lo use al mismo tiempo). En ambos casos el pago es el método más civilizado para convencerle de que produzca o ceda el uso del bien. Naturalmente, este pago sólo ocurrirá si me aseguro de que yo voy a disfrutar del objeto que pago. Es decir, si hay una definición inequívoca de propiedad. En este sentido, todo el mundo tiene claro cuando puede comerse un pincho en la cafetería: tras habérselo pagado al camarero. No puedes entrar detrás de la barra y comértelo sin pagar ni comerte, en un descuido, el que haya pagado otro cliente.
La razón no es sólo jurídica en el sentido de que tendrías un problema con la justicia. Si ese estado de desorden se impone, los clientes no comprarían pinchos que no les daría tiempo a comer y los cocineros no harían pinchos que no pueden cobrar. De hecho, la abundancia de bienes rivales de la que disfrutamos depende de la existencia de un derecho de propiedad bien definido. Las cosas son simples:
- Si el derecho de propiedad se puede defender sin grandes problemas habrá abundancia de bienes rivales.
- Si el derecho de propiedad no se puede defender no habrá bienes rivales.
El que se pueda defender el derecho de propiedad es el resultado de condicionantes técnicos, costumbres sociales, etc.
**

Las cosas son bastante más complicadas con los bienes NO rivales. Una persona nace con una gran belleza física, cuida su dieta y acude a gimnasios hasta que se convierte en una supermodelo. La supermodelo va por la calle y todo el mundo admira su belleza.
La gente de la calle disfruta de la presencia de esta persona. Incluso podrían estar dispuestos a pagar algo por encontrarse a esta persona cuando caminan a su trabajo al amanecer. Pero ¿cómo? ¿La paramos por la calle para darle una propina? ¿Cuánto le damos? La supermodelo tiene unos costes de mantener esa presencia física y no le vendría mal ganar un dinero. Sin embargo, las miradas en la calle no empeoran su presencia física. Por tanto, es difícil tratar de cobrar aduciendo el coste de las miradas de los viandantes. Este coste era muy claro en los bienes rivales donde el bien debía ser producido exclusivamente para ti o alguien tenía que renunciar a usarla para que lo usases tú.

Los seguidores del movimiento religioso estatalista propondrán que se cobre un canon a los viandantes. En ese caso, los viandantes opondrán diversos grados de resistencia. Por ejemplo, el vendedor de la ONCE dirá que él no piensa pagar por algo que es imposible que disfrute. Muchas personas dirán que algunos días la miran pero otros días no.

Realmente, el problema de la supermodelo es más falso que una moneda de tres euros. Desde siempre, las supermodelos buscan empleos en que su presencia física se convierta en un bien rival: fotografías en un catálogo de ropa, desfiles en lugares cerrados, promoción de un determinado bien rival. Además hay un detalle muy sutil pero importante: ¿Debería la supermodelo ir por la calle con un burka? No necesariamente ya que el disfrute gratuito de su presencia en la calle puede animar a la gente a adquirir los bienes rivales en los que participa.


El caso de la supermodelo está claro y se resuelve integrando su presencia en un bien rival. Pasemos a las canciones. La canción se compone y no se gasta porque otras personas la canten o la escuchen. Es un bien NO rival. Una manera obvia de incorporar la canción en un bien rival es cantarla en un concierto a puerta cerrada.
Durante muchos años fue posible incorporar la música en un bien rival: el disco de vinilo. El problema es que la evolución técnica ha convertido las grabaciones en algo tan fácil de hacer y tan difícil de cobrar como las miradas furtivas a la supermodelo. Simplemente, el bien rival se ha convertido en NO rival por el cambio técnico. De nuevo, podemos tomar el tortuoso camino de cobrar por un bien NO rival o buscar fuentes de negocio en bienes rivales que incorporen como valor añadido el bien NO rival.

Otra manera de ver el problema es que los defensores de la “propiedad intelectual” confunden el sentimiento de propiedad del perro con la institución económica de la propiedad y consiguen que algunos gobiernos poco ilustrados den por buena la confusión instaurando determinadas leyes.

No es la primera ni la última vez que el desarrollo tecnológico modifica sustancialmente o hace desaparecer un producto. De hecho, en uno, cinco o veinte años podrían desaparecer o cambiar sustancialmente la mayor parte de las universidades. Desde hace años es posible asistir por Internet a las clases de matemática aplicada de Gilbert Strang en el Massachussets Institute of Technology. El profesor Strang explica ideas tremendamente interesantes con entusiasmo y buen humor usando matrices dos por dos y tres por tres. ¿Por qué acudir a clase con un pobre diablo que esconde sus carencias con una notación farragosa cuando puedes ir con el Doctor Strang? El mismo comentario es válido para mis clases. Por tanto, la desaparición de muchas universidades depende de que Harvard y MIT entiendan las relaciones entre una titulación presencial y virtual, cómo cobrar por ellas y cómo certificar los logros académicos. Puede que nunca ocurra o puede ocurrir el próximo año. Cuando ocurra, yo encabezaré la manifestación pidiendo el cierre de Internet y la asistencia obligatoria a la universidad local. Sin embargo, la triste (o no tan triste ) realidad es que la tecnología habrá acabado con mi empleo tal como lo entiendo hoy y habrá dado una gran oportunidad a los alumnos. Mucho más difícil es que yo pueda vivir de mis clases grabadas en Internet pero la oportunidad también estará ahí. De hecho ya está.

martes, febrero 19, 2008

La columna mensual de Javi

La rentabilidad de un click
JAVIER GARCÍA ÁLVAREZ

Con un click podemos leer los periódicos de cualquier lugar, reservar un viaje de negocios o de placer, pagar nuestros impuestos o comunicarnos a coste cero. El click es el acto final de lo que se conoce como las nuevas tecnologías de la información y comunicación, también llamadas TIC. Su impacto es tan importante y aborda tantos ámbitos que llevamos tiempo hablando de la nueva economía o de la economía digital.

El uso intensivo de las TIC ha generado cambios en la manera de divertirse, de trabajar, en la organización de las empresas y las administraciones públicas, cambios en la comunicación y nuevas formas de comprar y vender. Las nuevas tecnologías permiten crear, manipular, organizar, transmitir, almacenar y gestionar de manera ágil, flexible y, sobre todo, a coste muy bajo, en ocasiones casi cero, la información.

Los usuarios de las nuevas tecnologías aprovechan mucho mejor su tiempo, ahorran dinero en sus compras, encuentran información de cualquier cosa que les interese y pueden comunicarse con otras personas en el mundo con mucha facilidad. Esto es lo que está haciendo que crezcan con fuerza negocios vinculados a las TIC. De hecho, el sector supone ya el 5,74% del PIB de la UE y el 3,4% del empleo, según los datos del observatorio europeo de las tecnologías de la información (www.eito.com). En el caso de España, supone el 4,6% del PIB y genera el 2,9% del empleo, y las ventas por internet se han multiplicado por 5 desde 2002 hasta la actualidad, cuando ya superan los 2.700 millones de euros. Por otro lado, Asturias es un ejemplo de crecimiento en el sector y en el uso de las TIC. La comunidad autónoma ha pasado de tener un sector prácticamente residual a que en los últimos siete años el número de empresas se haya duplicado e incluso aloje empresas multinacionales punteras en esta actividad. El cluster TIC, que aglutina a las principales empresas del sector, aunque no a todas, ya da empleo a casi 3.000 personas y factura 200 millones de euros (La Nueva España, 31/12/2007).

Las TIC son mucho más que internet y que los negocios «puntocom» e internautas. Y es que las empresas de cualquier sector pueden, y lo están haciendo cada vez más, aprovecharse de las nuevas tecnologías. Ante esto también se habla de problemas, de retos, de cambios constantes asociados a la nueva economía. Las empresas de cualquier sector se enfrentan al reto de tener clientes cada vez más informados y exigentes, lo que está acelerando la competencia entre ellas en los distintos sectores, además de ofrecer nuevas oportunidades de negocio. La competencia suele estar asociada a productividad y a eficiencia, porque las incentiva a innovar y a usar herramientas para mejorar su gestión interna.

Esto se pone de manifiesto en el observatorio público europeo que mide el impacto de las TIC en los negocios (www.ebusiness-watch.org), donde se sintetizan múltiples ejemplos de aplicaciones de las nuevas tecnologías en 27 ramas de actividades, desde la agricultura a las telecomunicaciones. En Asturias existen empresas que están trabajando en proyectos muy innovadores en el ámbito de nuevas tecnologías. Dos ejemplos: el primero está vinculado a usos de lo que se conoce como la identificación por radiofrecuencia (más conocido como RFID), que va a permitir, entre otras muchas cosas, poder ir a comprar a un supermercado y no tener que sacar las cosas en caja para pagar, puesto que al pasar el carrito de la compra por un lector de radiofrecuencia la cajera sabrá qué has comprado y su importe. El segundo ejemplo es hacer que los automóviles incorporen tecnologías para comunicarse en tiempo real, pudiendo ir por la ruta con menor atasco o avisando al 112 si hay siniestro, facilitando antes de su llegada datos que nos pueden salvar la vida (hora, lugar, modelo del vehículo, etcétera).

La otra gran pata de las TIC tiene que ver con la gestión de la información. Las empresas generan muchos datos. Es aquí donde informática y empresa, como disciplinas, dejan de ser independientes y pasan a ser una misma cosa. Todo lo que pasa en la empresa, desde lo más básico hasta la relación última con el cliente, puede aportar información valiosa que hay que analizar para mejorar y llegar a más clientes, que son los que tienen una disposición a pagar por los productos o servicios que se venden. Pero organizar esa información no es tarea fácil, y averiguar lo que quieren los clientes, tampoco. En cambio, muchas veces el éxito de la gestión reside precisamente en eso. Así, por ejemplo, una de las tareas más estratégicas de un gigante como Google la lleva a cabo un equipo de matemáticos y economistas liderado por Hal Varian, un clásico en Economía. Tal como comentaba en una entrevista en «The Wall Street Journal», su trabajo consiste en analizar los datos de los usuarios de Google -millones a la hora- para saber cuándo hacen click y por qué. Sabiendo sus preferencias, Google no sólo trata de mejorar sus servicios -encontrar la información deseada en el menor tiempo posible-, sino que también puede ofrecer una publicidad casi a la carta a los internautas, principal fuente de ingresos de la compañía.
¿El uso de las TIC es la solución a la competitividad empresarial? Responder a esta pregunta es clave, pero resulta compleja de abordar. Las empresas no van a innovar más, ni hacer mejor las cosas por disponer de una conexión a internet, unos ordenadores muy potentes o programas sofisticados para la gestión empresarial, si no saben qué hacer con todas estas herramientas. Esto, que parece una obviedad, tiene consecuencias nada desdeñables. Dos profesoras de la Universidad de Zaragoza han publicado los resultados de una investigación reciente -en la revista «Journal of Information Technology Impact»- con 1.225 empresas españolas, donde nos dan las claves del éxito (o fracaso) de las TIC. Sólo en las empresas donde se observa una buena formación de la plantilla y una dirección proactiva en ámbitos de tecnologías la rentabilidad de las inversiones en TIC es significativamente elevada, entre 3 y 5 veces superior a otras inversiones.
En definitiva, las oportunidades que brindan las TIC no son obvias, ni cualquier empresa puede aprovecharse de ellas. La clave del éxito radica en combinar una sólida política de formación continua en todos los niveles (ocupacional, desempleados, empresarios) con una mentalidad abierta a los cambios, al riesgo, a interactuar y a navegar en las oportunidades tecnológicas. El reto como sociedad pasa por generar los instrumentos necesarios para que los empresarios y los ciudadanos obtengan la mayor rentabilidad posible con un solo click.

Javier García Álvarez es economista y director del Instituto CIES

viernes, enero 25, 2008

I+D en la industria agroalimentaria.

Hace tiempo un amigo me contó una horrorosa experiencia en el día de su cumpleaños. Acudió muy temprano a recoger la tarta de cumpleaños y cuando llegó vio como los empleados ayudaban a descargar bidones de crema pastelera de un gigantesco camión. De algún modo, se imaginaba a docenas de pasteleros batiendo huevos toda la noche o algo así. Creo que reaccioné rápido y le hice las preguntas correctas:

¿Has notado algo en el sabor o en la textura de las tartas?
¿Estarías más tranquilo si tu coche alemán lo hiciesen a mano en un taller de León?

A la primera contestó que no. A la segunda que no es lo mismo. Su argumento era que la tecnología de los coches implica que hacerlos en una planta en Alemania tiene ventajas de calidad, seguridad, etc.


Mi contestación fue que la tecnología cambia. Mis abuelos dedicaban varios meses al año a producir centeno en condiciones agronómicas lamentables, varios días el año a recoger leña y un día cada quince a amasar y cocer el pan. Las casa tenía una nave dedicada a leñera y una de las habitaciones más grandes albergaba un horno. Yo compro el pan normal en una panadería por un precio bastante bajo y sé donde puedo comprar diversos tipo de pan gourmet que, en ocasiones, está tan bueno como el que hacían mis abuelas. De hecho, en algunos lugares usan la tecnología moderna para emular los sabores antiguos. Por tanto, la tecnología de la crema pastelera puede haber evolucionado tanto que la calidad y seguridad alimentaria mejoren trayéndola en bidones.
Esta historia me lleva a una discusión frecuente en clase de Microeconomía cuando llega el momento de hablar de producción. A mi me gusta la tortilla de patata y me parece un buen plato para una cena ligera. Pero lleva entre media y una hora hacerla dependiendo de la destreza del cocinero.
En dos ocasiones he comprado una tortilla precocinada en el supermercado. La primera vez hace unos años la tortilla acabó en la basura. La segunda vez hace unos meses terminó en la barriga pero no estaba buena. No obstante, creí detectar una mejora.
Dada la tradición que tiene este plato en la cocina española
1. ¿Os imagináis las ventas de la empresa que consiga la técnica para que la tortilla precocinada tenga buen sabor?
2. ¿Habrá alguna empresa que tenga en marcha un proceso de I+D para lograr este producto?

jueves, enero 17, 2008

La columna mensual de Javi


La Nueva España. 17 de Enero de 2008.


El azar y la innovación

JAVIER GARCÍA ÁLVAREZ

Director del Instituto CIES


Los españoles dedicamos más recursos a los juegos de azar que a la investigación, el desarrollo y la innovación (lo que se suele denominar I+D+i). Este argumento se presenta en algunas ocasiones para poner en tela de juicio el modelo productivo de nuestra economía, y cómo los españoles tenemos más fe en el azar que en el trabajo de crear nuevas ideas para generar más riqueza a través del conocimiento. Sin embargo, el último dato publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) muestra que los españoles empezamos a cambiar nuestra percepción respecto a cómo afrontar el futuro. En efecto, el gasto en I+D+i en España converge hacia el gasto en el juego, y esto es noticia. Desde el año 2000 el gasto de la I+D+i de empresas y administraciones públicas se incrementó en un 67% en España -en Asturias significativamente más, un 86,24%-, frente al 15% del sector del juego, dando lugar a una fuerte convergencia. ¿Qué tienen en común el juego y la I+D+i? Pocas cosas, pero sus diferencias nos permiten analizar algunas ideas económicas de interés. Jugar es un acto de puro azar, mientras que el de innovar está relacionado con el riesgo, con la probabilidad de tener o no éxito con las nuevas ideas. Un ejercicio hipotético: si la Administración en Asturias decidiera aumentar el gasto en 1 millón de euros en la industria del juego, es fácil imaginar la receta de cómo hacerlo: basta acudir a la administración de lotería más próxima. El sector aumentaría sus ingresos, y prácticamente su valor añadido, en esa misma cantidad. Si, en cambio, se pretende aumentar el gasto en I+D+i en ese millón de euros, las recetas para hacerlo no son obvias. Si se pretende que la innovación mejore la capacidad de competir de las empresas asturianas, ¿bastaría con aumentar las convocatorias de subvenciones en 1 millón de euros? La respuesta es negativa, y la teoría económica nos puede ayudar a entender por qué. La innovación está estrechamente relacionada con la «economía de las ideas». Y es que innovar no es, ni más ni menos, que crear nuevos o mejores productos y servicios, o hacer las cosas mejor. Pero tener ideas no es fácil. Tener ideas para crear productos que los consumidores estén dispuestos a pagar por ellos es menos fácil aún. Además de tener buenas ideas hay que estructurarlas y planificarlas en un proyecto de I+D+i. Pero los proyectos hay que desarrollarlos, y esto para la gran mayoría de las empresas (que no disponen de equipos ni departamentos técnicos) puede ser un verdadero problema. Sin embargo, antes de saber si la idea se puede convertir en mayores ingresos para la empresa hay que destinar recursos. Es decir, ante ingresos inciertos, existen costes ciertos, difíciles de recuperar por parte de las empresas. Piensen en una pequeña empresa de software que dedica dos ingenieros a trabajar para crear un programa. Esos ingenieros pueden estar trabajando, por ejemplo, 6 meses en la idea y, sin saber si tendrá éxito o no, la empresa ha tenido que arriesgar, como mínimo, el coste salarial de los mismos y su tiempo empleado. Si la innovación tiene éxito, los problemas no acaban, porque una de las características que definen a las ideas es que cuesta mucho (tiempo y dinero) conseguirlas pero poco (tiempo y dinero) copiarlas. Ante la copia los dueños de las ideas pueden no haber obtenido el máximo rendimiento financiero de la innovación, y a veces puede ocurrir que no recuperan ni siquiera la inversión llevada a cabo. Si el programa diseñado por la empresa de software una vez en el mercado se puede copiar o imitar con facilidad por la competencia, puede suceder que la empresa no recupere ni siquiera los costes soportados durante la innovación, que es precisamente el mayor coste, pensar y desarrollar la idea del programa. Por último, muchas empresas no disponen de mecanismos para contabilizar de manera separada los gastos en innovación y, por lo tanto, es muy difícil medir este esfuerzo. Se innova más de lo que las estadísticas nos tienden a indicar. Una pregunta clave: ¿Qué precisan las empresas para innovar? Como he indicado anteriormente, las recetas no son fáciles, pero existen algunas pistas. Es necesario un clima favorable a la innovación. Las empresas establecidas y las personas emprendedoras tienen que asumir que la innovación es lo que les permite no sólo sobrevivir en el mercado, sino crecer y diferenciarse de lo que ofrecen otras empresas, mejorando su rentabilidad. Pero ese clima tiene que tener otros condimentos: un acceso a la financiación -no sólo subvenciones- que permita reducir el riesgo al que están sometidas las empresas creadas con el único activo intangible del conocimiento. En la actualidad una empresa que no disponga de activos tangibles (como edificios o maquinaria) y sólo los tenga intangibles (como su saber hacer) tiene más dificultades para obtener financiación y, por tanto, para afrontar proyectos para crecer. Otro aspecto es mejorar la agilidad en la gestión de las ayudas a la I+D+i. La citada empresa ficticia de software nunca se presentará a una convocatoria que tarda más de 6 meses en resolverse, porque ése es el tiempo en el que la competencia «absorbe» sus nuevas ideas. En cambio, muchas convocatorias públicas para la innovación tardan más de esos 6 meses en resolverse. Los centros públicos de conocimiento (Universidad y centros tecnológicos) tienen la capacidad de poder convertirse en los departamentos de I+D que la gran mayoría de las empresas no tienen por su falta de recursos. Pero para que esta colaboración tenga éxito -para que las empresas arriesguen, crezcan y creen empleo- se precisa un esfuerzo constante por parte de estos centros para llegar a las empresas y ofrecerles, de manera rápida y flexible, soluciones a sus problemas para desarrollar sus ideas. En definitiva, tenemos una gran trayectoria como sociedad en apostar por el azar, pero cada vez más apostamos por las ideas. Obtener mejores indicadores de I+D+i no es sólo cuestión de mentalidad, que también, ni de cuánto dinero público se destina, que también, sino de cómo se usa ese dinero y qué impacto tiene en las decisiones empresariales. Para obtener una rentabilidad pública de la I+D+i se precisa tener la capacidad de saber cómo adoptan las decisiones las empresas y cuáles son sus necesidades para satisfacerlas.

domingo, enero 13, 2008

Mercados (de futuros)

El mercado es la suma de las fuerzas de multitud de personas que tratan de mejorar su bienestar mediante un intercambio. En ese sentido, el mercado es como un río. El río tiene fuerza y hace muchas cosas positivas sin intervención humana. Sin embargo, el bienestar puede mejorar si se entiende el funcionamiento del río. Por ejemplo, puedes prepararte para cuando haga cosas que no son completamente beneficiosas para ti. Al mismo tiempo, puedes tratar de hacer pequeñas intervenciones para que la fuerza del río realmente te beneficie.

Con tanta fuerza y con tantos beneficios es razonable que algunas personas se dediquen a adorar a los ríos y otras a los mercados. Es un hecho que la gente proyecta sus naturales tendencias religiosas hacia los objetos más insospechados. Mi conocida opción personal es estudiar y cuidar sin adorar.

La fuerza del mercado puede ser usada de forma inteligente en proyectos de desarrollo. En el video que adjunto Eleni Gabre-Madhi, una antigua economista del Banco Mundial de origen etiope desarrolla los siguientes puntos:

1. Relaciona subdesarrollo rural con ausencia de mercados.
2. Ausencia de mercados con problemas de información, calidades, estandarización, etc.
El mercado de futuros de Chicago surgió hace 160 años para solucionar problemas parecidos. Eleni Gabre-Madhi hace una propuesta similar adaptada a las necesidades del África rural, a la tecnología actual y a los conocimientos sobre el papel del riesgo en el funcionamiento de los mercados.