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sábado, mayo 24, 2008

La columna mensual de Javi




La Nueva España. 24 de Mayo de 2008




Javier García Álvarez, director de la consultora asturiana Instituto CIES, habla en este artículo de las «telarañas intangibles» que se tejen en torno a las economías de los territorios, tal y como se recoge en las teorías que postula el economista Diego Puga, a quien la Fundación Banco Herrero concedió esta semana su prestigioso premio anual.


La telaraña intangible
Uno de cada tres euros que circula por el mundo acaba invertido en tan sólo tres países: Estados Unidos, Reino Unido y China. Los otros 2 euros se los reparten entre 175 países, entre ellos España, que ocupa el puesto decimosexto. Si buceamos dentro de esos países, la distribución no es igual entre las distintas ciudades o regiones. De hecho, si algo está ganando protagonismo en el panorama económico actual es la desigual distribución de la inversión no sólo entre países sino también dentro de los mismos. Y es que parece que hay territorios que tienen una especie de telaraña con la que «atrapan» los capitales del planeta para crear riqueza en su interior. Esa telaraña atrapa más cosas que el dinero. De hecho, en ella acaban la tecnología, los servicios avanzados, las ideas, la inmigración y todo el talento que conlleva. Estos condimentos refuerzan la telaraña para seguir capturando más factores productivos de calidad, más inversión y generar más riqueza. La telaraña no la vemos, es intangible, y descubrir de qué material está hecha es una tarea difícil pero muy importante.

Una primera intuición es que los países con la telaraña más fuerte son aquellos que tienen mejores infraestructuras: carreteras, aeropuertos, hospitales, centros educativos o de investigación, por poner algunos ejemplos. Estas infraestructuras son tangibles y se pueden construir. Sin embargo, un número cada vez mayor de trabajos académicos demuestra que, a pesar de ser necesarios, estos factores «físicos» no aseguran que los países capten más inversiones, ideas o talento y, por tanto, sean más productivos. Todo apunta a que los factores cualitativos son los que marcan la diferencia entre las telarañas de los territorios.

Estudios académicos ponen el acento en aspectos tales como la calidad de las instituciones, el clima empresarial, el marco jurídico, el funcionamiento de los mercados, el sistema fiscal o los derechos de propiedad. Tal es la importancia de estos intangibles que el Banco Mundial viene desarrollando una tarea muy importante para tratar de medirlos y compararlos entre países. Esto es lo que hacen en su estudio anual Doing Business, que consiste en elaborar un cuestionario repleto de indicadores que tratan de medir el grado de regulación al que están sometidas las empresas para desarrollar su actividad y cómo son los derechos de propiedad en el país en el que operan. El Banco Mundial distribuye este cuestionario a unos 5.000 colaboradores suyos en 178 países (consultar el trabajo en www.doingbusiness.org).

Este estudio del Banco Mundial resulta de gran interés porque es una gran fuente de información sobre aspectos cualitativos. Así se sabe cuántos procedimientos y qué coste supone para una persona abrir una empresa en cada país; pero también, qué trámites y qué gasto representan aspectos como la contratación de personal, la obtención de las licencias necesarias para la actividad, los registros de la propiedad, el acceso a financiación bancaria, el pago de impuestos o los trámites para el comercio exterior. Según todos estos factores cualitativos, los mejores lugares en Europa para crear y desarrollarse como empresa son el Reino Unido y Dinamarca. España ocupa el puesto 38 en el ranking, superada por países como Estados Unidos, Canadá e incluso China o la República Eslovaca.

¿Qué tiene la telaraña británica que no tiene la española? ¿Por qué es mejor el clima empresarial en el Reino Unido que en España? Sin hacer un examen exhaustivo de las diferencias, podemos ilustrar algunas ideas que se podrían «importar». Recientemente, el Gobierno británico ha creado un departamento un poco «raro», pero muy interesante. Es un departamento que tiene como máximo objetivo acercar la voz de las empresas a todos los ámbitos del Gobierno donde se deciden leyes o medidas que les afecten (su web es una gran fuente de información: www.berr.gov.uk). Su principio básico es que si un país quiere generar riqueza tiene que crear todos los mecanismos posibles para crear y desarrollar empresas dinámicas. Cualquier actuación política o legislativa que quiera potenciar el clima empresarial tiene que conocer de manera directa los problemas a los que se enfrentan las empresas y, sobre todo, sus necesidades. Lo «raro» de este departamento británico es que está compuesto por funcionarios con una gran formación en ámbitos de empresa, además de abrir canales de comunicación directos con todas ellas. Sabiendo sus problemas se puede ayudar a perfilar políticas que fomenten (y no entorpezcan) la competencia en los mercados, velando por los derechos del consumidor, la política de formación, la de infraestructuras, la de innovación, la de promoción internacional, la de inmigración y un largo etcétera.

Tras múltiples investigaciones con más de 2.000 empresas británicas, se pone de manifiesto que es habitual encontrar varias leyes que regulan lo mismo, duplicidad en procedimientos administrativos, elevados costes para adaptarse a los cambios legales o que las empresas no aprovechan bien las ayudas públicas porque no las conocen o porque son complejas de obtener. Nada diferente le ocurre a una empresa española. Por ello, y ésta es otra idea para importar, este departamento ha creado un portal donde cualquier empresa puede aportar ideas para mejorar la regulación o las políticas que le afecten (su web es de gran interés: www.betterregulation.gov.uk). Estas ideas se evalúan y, obligatoriamente, se les da una respuesta, que también es pública, en menos de noventa días. El Gobierno británico estima reducir los costes burocráticos de las empresas en 2010 en un 25 por ciento, lo cual influirá no sólo en su cuenta de resultados, sino también en mejorar ese clima empresarial de factores cualitativos que tejen la telaraña británica.

En el caso de España, en el que también se participa desde Asturias, se ha creado una sociedad pública que trata de acercarse al tejido empresarial, se llama INTERES (www.interes.org). No obstante, esta iniciativa está más enfocada hacia la promoción en el exterior para hacer negocios en el país que hacia mejorar el clima empresarial. En el caso de Asturias, la articulación de grandes acuerdos con empresarios y sindicatos es también una medida importante, pero aún está lejos de iniciativas como la británica.

Y es que en economía pocas cosas suceden por casualidad. Comprender, dialogar y tener una visión precisa, a la hora de articular medidas de política económica, es un gran mecanismo para adoptar mejores decisiones y crear climas donde las compañías disfruten de las mejores condiciones para nacer y crecer. En la actualidad, existen muchos mecanismos para conocer y crear un diálogo continuo y riguroso con las empresas, aprovechémoslo. Sólo con instituciones fuertes, conectadas con el tejido empresarial, que estén dispuestas a cambiar y a mejorar de manera continua, se pueden tejer telarañas intangibles que capten inversiones, ideas y talento para Asturias y asegurar su progreso.

Enlace la artículo en LNE: http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008052400_45_639559__Economia-intangible

viernes, abril 25, 2008

La columna mensual de Javi

La Nueva España. 24 de Abril de 2008
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Oportunidades Globales, Amenazas Locales
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¿Alguien se imagina cómo se construye un lápiz? Con esta pregunta el Premio Nobel en Economía, Milton Friedman, en los años 80 explicaba las bondades del mercado. El autor mostraba que para que un simple lápiz llegue a una tienda hacía falta el trabajo de muchas personas en varias partes del mundo. También argumentaba que sólo con un sistema de mercado se podía conseguir que esas personas, a través de los precios y guiadas por sus incentivos, se pongan de acuerdo para que los lápices estén en las estanterías de las tiendas a un precio muy asumible.
En dos décadas las cosas han cambiado mucho, la historia del lápiz la encontramos en You Tube, pero a pesar de todo el ejemplo se puede seguir utilizando. Podríamos seguir hablando de lápices pero también de otros productos que forman parte de nuestra vida diaria como son los reproductores de música, el teléfono móvil, el DVD o el ordenador personal que, de los muchos ejemplos que se pueden poner, nos permiten explicar la interconexión que existe en la actual economía global o mundial.
Tres investigadores de la Universidad de California publicaron recientemente un estudio, http://pcic.merage.uci.edu/papers/2007/AppleiPod.pdf, en el que tratan de averiguar dónde se produce una Ipod de la empresa Appel y cuál es el reparto mundial de su beneficio. El punto de partida es una Ipod de 30 gigabytes que en Estados Unidos tiene un precio al público de unos 300 dólares. A partir de ahí se “destripa” la Ipod en 451 componentes distintos, que van desde los tornillos hasta la logística de poner el producto en las estanterías de las tiendas.
Muy pocos de los componentes de la Ipod los produce Apple, sino que son subcontratados a otras empresas especializadas repartidas por el mundo. Las 451 piezas de la Ipod tienen un coste para la empresa Apple estimado en 144$. Hablemos del reparto del beneficio, ¿quién es el que más gana con la venta de una Ipod y dónde? Muchos podrían pensar que las empresas Chinas o los países asiáticos, porque al fin y al cabo es donde más componentes se producen. En cambio la respuesta es que Appel y las empresas americanas son las que más beneficio obtienen por la venta de un Ipod. En concreto, Appel obtiene un beneficio bruto de 80$ por cada Ipod, el 42,1% del total. En segundo lugar están Japón y sus empresas, que obtienen 26$, y en último lugar los países emergentes (China, Taiwan, Filipinas) que aportan menos del 1% al total del beneficio bruto de una Ipod.
La lectura de este ejemplo es clara, Apple ha aprovechado una oportunidad global. Se ha centrado en lo que sabe hacer, y por lo que obtiene el mayor beneficio, que es concebir la idea, desde su diseño e ingeniería hasta su distribución, y ha subcontratado lo que otros pueden hacer mejor y a menor precio en el mundo. La palabra clave es “en el mundo”, porque las nuevas tecnologías y la caída de los costes de transporte y de comunicación entre países permiten a las empresas diseccionar aún más sus procesos productivos y, o bien contratarlos a empresas especializadas, o bien producirlos en aquellos países donde más recursos y menores costes existan.
Las empresas españolas también han aprovechado estas oportunidades globales. En una investigación del año 2006, el profesor de la Universidad de Wharton Mauro Guillén pone de manifiesto que las empresas españolas invierten en el mundo más de lo que las empresas de capital extranjero invierten en España. Hoy las inversiones de empresas foráneas en España, que superan los 20.000 millones de euros, generan el 6,6% del total del empleo.
En cambio, estas oportunidades globales también tienen otra cara, el de las amenazas locales. Los asturianos pueden tener en la cabeza el reciente cierre de Autotex o los problemas en la Fábrica de Loza San Claudio o en los astilleros; los gaditanos podrían hablar mucho de Delphi, los catalanes de Samsung, y así hasta 130, que son los casos de deslocalización que han detectado en una investigación tres profesores de la Universidad Complutense en los últimos quince años (http://www1.euskadi.net/ekonomiaz/taula4_c.apl?REG=690).
En este contexto, muchas personas que ocupan empleos de baja cualificación pueden verse amenazados, aunque las cosas están cambiando. Actualmente, las actividades de alto valor añadido, como la Investigación y el Desarrollo (I+D), así como en la producción de bienes de elevado contenido tecnológico, también son objeto de deslocalización. En un documento reciente (www.ilo.org/public/spanish/dialogue/sector/techmeet/tmiti07/report.pdf) de la Organización Internacional del Trabajo se pone de relieve la creciente localización en países emergentes de actividades de alta tecnología, dejando de lado el tópico de que en China se hacen productos de bajo valor añadido. Por ejemplo, las cuatro empresas de telefonía más importantes del mundo (Motorola, Nokia, Ericsson y Siemens) suman 33 centros de I+D en China con más de 3.000 empleados de alta cualificación.
Las cuatro ideas más importantes que me gustaría transmitir con estos ejemplos son: primera, que existen oportunidades globales para aquellas empresas que tienen ideas y pueden ejecutarlas a costes cada vez menores. Segunda, estas oportunidades benefician a todos los consumidores del mundo, porque aumenta la competencia a escala global y con ello la innovación y la posibilidad de reducir los precios de un gran número de bienes y servicios. Tercera, los países emergentes tienen una gran capacidad de absorber inversión de las empresas de los países más desarrollados, lo que abre una oportunidad para mejorar las condiciones de vida de millones de personas que también se están convirtiendo en consumidores globales. Y cuarta, los efectos positivos a escala global también tienen la contrapartida de amenazas locales, tanto para trabajadores de alta como de baja cualificación, y tanto en la industria como en los servicios.
La integración y conexión cada vez mayor de los mercados exige respuestas flexibles e imaginativas, de las empresas, de los trabajadores y de las Administraciones Públicas. Las empresas y los trabajadores tienen que dibujar su papel en el puzle global a través de la innovación y el conocimiento, pero las Administraciones también, porque lejos de perder protagonismo lo tienen y de manera decisiva. Las empresas necesitan una Administración que trabaje de manera ágil y flexible, cree instituciones estables, asegure el buen funcionamiento de los mercados, que diseñe una política fiscal atractiva, construya buenas infraestructuras físicas y tecnológicas, que asegure un buen funcionamiento de los servicios públicos básicos como la educación o que el sistema de innovación, pieza clave de ese puzle global, sea efectivo, y esto significa medir la innovación no a través de los recursos que se destinan sino de las rentabilidades que obtienen las empresas con ellos.

martes, febrero 19, 2008

La columna mensual de Javi

La rentabilidad de un click
JAVIER GARCÍA ÁLVAREZ

Con un click podemos leer los periódicos de cualquier lugar, reservar un viaje de negocios o de placer, pagar nuestros impuestos o comunicarnos a coste cero. El click es el acto final de lo que se conoce como las nuevas tecnologías de la información y comunicación, también llamadas TIC. Su impacto es tan importante y aborda tantos ámbitos que llevamos tiempo hablando de la nueva economía o de la economía digital.

El uso intensivo de las TIC ha generado cambios en la manera de divertirse, de trabajar, en la organización de las empresas y las administraciones públicas, cambios en la comunicación y nuevas formas de comprar y vender. Las nuevas tecnologías permiten crear, manipular, organizar, transmitir, almacenar y gestionar de manera ágil, flexible y, sobre todo, a coste muy bajo, en ocasiones casi cero, la información.

Los usuarios de las nuevas tecnologías aprovechan mucho mejor su tiempo, ahorran dinero en sus compras, encuentran información de cualquier cosa que les interese y pueden comunicarse con otras personas en el mundo con mucha facilidad. Esto es lo que está haciendo que crezcan con fuerza negocios vinculados a las TIC. De hecho, el sector supone ya el 5,74% del PIB de la UE y el 3,4% del empleo, según los datos del observatorio europeo de las tecnologías de la información (www.eito.com). En el caso de España, supone el 4,6% del PIB y genera el 2,9% del empleo, y las ventas por internet se han multiplicado por 5 desde 2002 hasta la actualidad, cuando ya superan los 2.700 millones de euros. Por otro lado, Asturias es un ejemplo de crecimiento en el sector y en el uso de las TIC. La comunidad autónoma ha pasado de tener un sector prácticamente residual a que en los últimos siete años el número de empresas se haya duplicado e incluso aloje empresas multinacionales punteras en esta actividad. El cluster TIC, que aglutina a las principales empresas del sector, aunque no a todas, ya da empleo a casi 3.000 personas y factura 200 millones de euros (La Nueva España, 31/12/2007).

Las TIC son mucho más que internet y que los negocios «puntocom» e internautas. Y es que las empresas de cualquier sector pueden, y lo están haciendo cada vez más, aprovecharse de las nuevas tecnologías. Ante esto también se habla de problemas, de retos, de cambios constantes asociados a la nueva economía. Las empresas de cualquier sector se enfrentan al reto de tener clientes cada vez más informados y exigentes, lo que está acelerando la competencia entre ellas en los distintos sectores, además de ofrecer nuevas oportunidades de negocio. La competencia suele estar asociada a productividad y a eficiencia, porque las incentiva a innovar y a usar herramientas para mejorar su gestión interna.

Esto se pone de manifiesto en el observatorio público europeo que mide el impacto de las TIC en los negocios (www.ebusiness-watch.org), donde se sintetizan múltiples ejemplos de aplicaciones de las nuevas tecnologías en 27 ramas de actividades, desde la agricultura a las telecomunicaciones. En Asturias existen empresas que están trabajando en proyectos muy innovadores en el ámbito de nuevas tecnologías. Dos ejemplos: el primero está vinculado a usos de lo que se conoce como la identificación por radiofrecuencia (más conocido como RFID), que va a permitir, entre otras muchas cosas, poder ir a comprar a un supermercado y no tener que sacar las cosas en caja para pagar, puesto que al pasar el carrito de la compra por un lector de radiofrecuencia la cajera sabrá qué has comprado y su importe. El segundo ejemplo es hacer que los automóviles incorporen tecnologías para comunicarse en tiempo real, pudiendo ir por la ruta con menor atasco o avisando al 112 si hay siniestro, facilitando antes de su llegada datos que nos pueden salvar la vida (hora, lugar, modelo del vehículo, etcétera).

La otra gran pata de las TIC tiene que ver con la gestión de la información. Las empresas generan muchos datos. Es aquí donde informática y empresa, como disciplinas, dejan de ser independientes y pasan a ser una misma cosa. Todo lo que pasa en la empresa, desde lo más básico hasta la relación última con el cliente, puede aportar información valiosa que hay que analizar para mejorar y llegar a más clientes, que son los que tienen una disposición a pagar por los productos o servicios que se venden. Pero organizar esa información no es tarea fácil, y averiguar lo que quieren los clientes, tampoco. En cambio, muchas veces el éxito de la gestión reside precisamente en eso. Así, por ejemplo, una de las tareas más estratégicas de un gigante como Google la lleva a cabo un equipo de matemáticos y economistas liderado por Hal Varian, un clásico en Economía. Tal como comentaba en una entrevista en «The Wall Street Journal», su trabajo consiste en analizar los datos de los usuarios de Google -millones a la hora- para saber cuándo hacen click y por qué. Sabiendo sus preferencias, Google no sólo trata de mejorar sus servicios -encontrar la información deseada en el menor tiempo posible-, sino que también puede ofrecer una publicidad casi a la carta a los internautas, principal fuente de ingresos de la compañía.
¿El uso de las TIC es la solución a la competitividad empresarial? Responder a esta pregunta es clave, pero resulta compleja de abordar. Las empresas no van a innovar más, ni hacer mejor las cosas por disponer de una conexión a internet, unos ordenadores muy potentes o programas sofisticados para la gestión empresarial, si no saben qué hacer con todas estas herramientas. Esto, que parece una obviedad, tiene consecuencias nada desdeñables. Dos profesoras de la Universidad de Zaragoza han publicado los resultados de una investigación reciente -en la revista «Journal of Information Technology Impact»- con 1.225 empresas españolas, donde nos dan las claves del éxito (o fracaso) de las TIC. Sólo en las empresas donde se observa una buena formación de la plantilla y una dirección proactiva en ámbitos de tecnologías la rentabilidad de las inversiones en TIC es significativamente elevada, entre 3 y 5 veces superior a otras inversiones.
En definitiva, las oportunidades que brindan las TIC no son obvias, ni cualquier empresa puede aprovecharse de ellas. La clave del éxito radica en combinar una sólida política de formación continua en todos los niveles (ocupacional, desempleados, empresarios) con una mentalidad abierta a los cambios, al riesgo, a interactuar y a navegar en las oportunidades tecnológicas. El reto como sociedad pasa por generar los instrumentos necesarios para que los empresarios y los ciudadanos obtengan la mayor rentabilidad posible con un solo click.

Javier García Álvarez es economista y director del Instituto CIES

jueves, enero 17, 2008

La columna mensual de Javi


La Nueva España. 17 de Enero de 2008.


El azar y la innovación

JAVIER GARCÍA ÁLVAREZ

Director del Instituto CIES


Los españoles dedicamos más recursos a los juegos de azar que a la investigación, el desarrollo y la innovación (lo que se suele denominar I+D+i). Este argumento se presenta en algunas ocasiones para poner en tela de juicio el modelo productivo de nuestra economía, y cómo los españoles tenemos más fe en el azar que en el trabajo de crear nuevas ideas para generar más riqueza a través del conocimiento. Sin embargo, el último dato publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) muestra que los españoles empezamos a cambiar nuestra percepción respecto a cómo afrontar el futuro. En efecto, el gasto en I+D+i en España converge hacia el gasto en el juego, y esto es noticia. Desde el año 2000 el gasto de la I+D+i de empresas y administraciones públicas se incrementó en un 67% en España -en Asturias significativamente más, un 86,24%-, frente al 15% del sector del juego, dando lugar a una fuerte convergencia. ¿Qué tienen en común el juego y la I+D+i? Pocas cosas, pero sus diferencias nos permiten analizar algunas ideas económicas de interés. Jugar es un acto de puro azar, mientras que el de innovar está relacionado con el riesgo, con la probabilidad de tener o no éxito con las nuevas ideas. Un ejercicio hipotético: si la Administración en Asturias decidiera aumentar el gasto en 1 millón de euros en la industria del juego, es fácil imaginar la receta de cómo hacerlo: basta acudir a la administración de lotería más próxima. El sector aumentaría sus ingresos, y prácticamente su valor añadido, en esa misma cantidad. Si, en cambio, se pretende aumentar el gasto en I+D+i en ese millón de euros, las recetas para hacerlo no son obvias. Si se pretende que la innovación mejore la capacidad de competir de las empresas asturianas, ¿bastaría con aumentar las convocatorias de subvenciones en 1 millón de euros? La respuesta es negativa, y la teoría económica nos puede ayudar a entender por qué. La innovación está estrechamente relacionada con la «economía de las ideas». Y es que innovar no es, ni más ni menos, que crear nuevos o mejores productos y servicios, o hacer las cosas mejor. Pero tener ideas no es fácil. Tener ideas para crear productos que los consumidores estén dispuestos a pagar por ellos es menos fácil aún. Además de tener buenas ideas hay que estructurarlas y planificarlas en un proyecto de I+D+i. Pero los proyectos hay que desarrollarlos, y esto para la gran mayoría de las empresas (que no disponen de equipos ni departamentos técnicos) puede ser un verdadero problema. Sin embargo, antes de saber si la idea se puede convertir en mayores ingresos para la empresa hay que destinar recursos. Es decir, ante ingresos inciertos, existen costes ciertos, difíciles de recuperar por parte de las empresas. Piensen en una pequeña empresa de software que dedica dos ingenieros a trabajar para crear un programa. Esos ingenieros pueden estar trabajando, por ejemplo, 6 meses en la idea y, sin saber si tendrá éxito o no, la empresa ha tenido que arriesgar, como mínimo, el coste salarial de los mismos y su tiempo empleado. Si la innovación tiene éxito, los problemas no acaban, porque una de las características que definen a las ideas es que cuesta mucho (tiempo y dinero) conseguirlas pero poco (tiempo y dinero) copiarlas. Ante la copia los dueños de las ideas pueden no haber obtenido el máximo rendimiento financiero de la innovación, y a veces puede ocurrir que no recuperan ni siquiera la inversión llevada a cabo. Si el programa diseñado por la empresa de software una vez en el mercado se puede copiar o imitar con facilidad por la competencia, puede suceder que la empresa no recupere ni siquiera los costes soportados durante la innovación, que es precisamente el mayor coste, pensar y desarrollar la idea del programa. Por último, muchas empresas no disponen de mecanismos para contabilizar de manera separada los gastos en innovación y, por lo tanto, es muy difícil medir este esfuerzo. Se innova más de lo que las estadísticas nos tienden a indicar. Una pregunta clave: ¿Qué precisan las empresas para innovar? Como he indicado anteriormente, las recetas no son fáciles, pero existen algunas pistas. Es necesario un clima favorable a la innovación. Las empresas establecidas y las personas emprendedoras tienen que asumir que la innovación es lo que les permite no sólo sobrevivir en el mercado, sino crecer y diferenciarse de lo que ofrecen otras empresas, mejorando su rentabilidad. Pero ese clima tiene que tener otros condimentos: un acceso a la financiación -no sólo subvenciones- que permita reducir el riesgo al que están sometidas las empresas creadas con el único activo intangible del conocimiento. En la actualidad una empresa que no disponga de activos tangibles (como edificios o maquinaria) y sólo los tenga intangibles (como su saber hacer) tiene más dificultades para obtener financiación y, por tanto, para afrontar proyectos para crecer. Otro aspecto es mejorar la agilidad en la gestión de las ayudas a la I+D+i. La citada empresa ficticia de software nunca se presentará a una convocatoria que tarda más de 6 meses en resolverse, porque ése es el tiempo en el que la competencia «absorbe» sus nuevas ideas. En cambio, muchas convocatorias públicas para la innovación tardan más de esos 6 meses en resolverse. Los centros públicos de conocimiento (Universidad y centros tecnológicos) tienen la capacidad de poder convertirse en los departamentos de I+D que la gran mayoría de las empresas no tienen por su falta de recursos. Pero para que esta colaboración tenga éxito -para que las empresas arriesguen, crezcan y creen empleo- se precisa un esfuerzo constante por parte de estos centros para llegar a las empresas y ofrecerles, de manera rápida y flexible, soluciones a sus problemas para desarrollar sus ideas. En definitiva, tenemos una gran trayectoria como sociedad en apostar por el azar, pero cada vez más apostamos por las ideas. Obtener mejores indicadores de I+D+i no es sólo cuestión de mentalidad, que también, ni de cuánto dinero público se destina, que también, sino de cómo se usa ese dinero y qué impacto tiene en las decisiones empresariales. Para obtener una rentabilidad pública de la I+D+i se precisa tener la capacidad de saber cómo adoptan las decisiones las empresas y cuáles son sus necesidades para satisfacerlas.