José García Montalvo usa en este artículo un argumento parecido al de Javi (Paulos) para explicar los fallos estrepitosos de los visionarios tras muchos aciertos. En Econometría (análisis empírico de la Economía) se le conoce como el problema del sesgo de selección.
Empresarios y relojes
En el verano de 2007 se celebró
Pero, ¿qué caracteriza a estos empresarios visionarios? Normalmente, un exceso de confianza. ¿Es esto suficiente? En muchos casos la respuesta es afirmativa. Imaginemos que tenemos un millón de empresarios visionarios que toman decisiones de fusiones o adquisiciones de manera totalmente aleatoria (a cara o cruz).Si aciertan, su empresa se dobla de tamaño (pueden conseguir todo el crédito que deseen). Si fracasan, desaparecen. Supongamos que empiezan con un capital de un millón de euros. Después de la primera decisión quedan medio millón de empresarios; después de dos decisiones quedan un cuarto de millón. Después de quince decisiones quedan 30 empresarios y cada uno de ellos tiene una empresa de 32.768 millones de euros. Estos triunfadores no han necesitado saber nada sobre gestión empresarial: han llegado a tener una empresa gigantesca simplemente por suerte. Pero un observador externo que quiera racionalizar esa suerte siempre encontrará algún elemento que, supuestamente, puede explicar el éxito de dicho empresario. Muchas veces, la explicación es simplemente eso: una visión. ¿Cuántos casos se han escrito en Escuelas de Negocios loando la visión de gestores de empresas que poco después han colapsado? ¿Cuántos empresarios visionarios han recogido doctorados honoris causa semanas antes de saberse que su empresa tenía gravísimas deficiencias de gestión? El problema del observador externo que intenta racionalizar el éxito de un visionario es que no tiene en cuenta que, en el proceso, casi un millón de visionarios se han quedado en el camino.
Obviamente hay muchos empresarios que no son visionarios en el sentido anterior. Empresarios que tienen una buena idea para un nuevo producto; que gestionan su empresa con prudencia; que calculan y controlan los riesgos de cualquier operación corporativa; que no creen en varitas mágicas. Pero en muchas ocasiones el empresario modelo, el que ocupará la primera página de las revistas, será el visionario, pues hacer apuestas arriesgadas, si acompaña la suerte (por ejemplo un ciclo alcista), tiene una excelente recompensa. Además, el tamaño, en estos casos, sí que importa.Recordemos el dicho: si tienes una deuda de 100.000 euros y no puedes pagar, tienes un problema; si la deuda es de 20.000 millones de euros y no puedes pagar, el problema es del banco.
¿Cómo se distingue al empresario visionario del empresario profesional? Identificar estos dos tipos de empresarios en una fase de expansión es muy difícil. Además, muchos empresarios profesionales sienten una inexplicable admiración por los visionarios que han conseguido un éxito rápido. Recordemos algunos de los asistentes a las famosas paellas del señor Bañuelos en Nueva York, pasajeros de su jet privado cuando era el empresario de moda en España. Las fases recesivas son las que ponen a cada uno en su sitio. Los proyectos empresariales profesionales superan la prueba del algodón mientras que los visionarios se quedan por el camino.
Recientemente se ha puesto muy de moda hablar de Keynes y las políticas de gasto público. Pero en estos momentos lo que necesitamos es reivindicar a Schumpeter y su «destrucción creativa». Este proceso ha sido siempre esencial para la evolución del capitalismo.Un exceso de políticas keynesianas puede retrasar o interrumpir la destrucción creativa necesaria para la superación de las crisis cíclicas del sistema. Ayudar a los productores ineficientes de automóviles no es la solución. Hay que permitir que los proyectos empresariales viables y eficientes triunfen y los meramente especulativos o ineficientes se transformen o desaparezcan. De esta forma se genera la savia nueva para la próxima expansión.
Por tanto, ojo con los empresarios visionarios porque incluso un reloj parado da la hora correctamente dos veces al día.
José García Montalvo es catedrático de Economía de
