lunes, junio 05, 2006

No entiendo nada

Los que me conocéis sabéis que me encantan los retos intelectuales. He encontrado maneras de hacer inteligible el teorema de Arrow, he incluido en mis clases introductorias versiones populares del teorema del punto fijo, etc. Todo esto incluye entender los problemas en profundidad, buscar ejemplos en los que el problema sea claro y, sobre todo, analizar las implicaciones prácticas.
Mi obsesión con los retos de este tipo llega a tal extremo que hace muchos años un amigo se negó a explicarme los detalles de un problema de física porque pensaba que nunca más saldría de casa si descubría “el otro lado de problema”. Mi teléfono móvil no termina de descargarse totalmente y empecé a poner los juegos para gastar totalmente la batería. Había un juego que yo trataba de resolver como el ajedrez analizando dos jugadas hacia delante, tres jugadas hacía adelante, etc. Sin embargo, no tuve éxito ya que las reglas del juego implican dos movimientos de la máquina por cada movimiento del jugador. Este viernes mientras descargaba el teléfono para tenerlo operativo todo el fin de semana encontré la solución. Se resuelve cómo los juegos de varios periodos de Teoría Económica de la Decisión e Incertidumbre. Es decir, por inducción inversa. Se conoce el final, no morir en la ruta hacia el final implica que la máquina esté muy lejos (difícil) o metida en alguna trampa. Luego, la solución consiste en que la máquina vaya rápido hacia alguna trampa mientras te persigue.
El caso es que a pesar de lo que me gustan los retos intelectuales no logro entender los mítines, las frases o el proyecto de nuestro presidente del gobierno. Durante un tiempo he pensado que, como el problema del teléfono móvil, descubriría el truco pero se acaba el tiempo y no lo consigo. Lo alarmante es que gente más inteligente y preparada que yo tiene el mismo problema:
http://garciamado.blogspot.com/
Os pido ayuda para entender este rompecabezas a todos aquellos a los que alguna vez yo ayudé a entender algo difícil. Por favor, no empecéis diciendo que soy un "facha" porque os largo un blog de diez páginas con mis credenciales izquierdistas. Una pista: me he criado en barrios obreros de Gijón donde se pensaba que la solidaridad era un deber y lo poco que soy se debe, en gran parte, al esfuerzo solidario de todos los españoles (escuela, instituto, universidad, estudios de posgrado, la oportunidad de escribir este blog, la curación de mi padre cuando yo tenía catorce años, ...). Zapatero no puede decir lo mismo.

1 comentario:

Enzo Cerletti dijo...

Desgraciadamente, en aquel blog no se da mucha sustancia al texto, parece más bien un cúmulo de adjetivos e impresiones apocalípticas. Pero al menos me invita a una reflexión.

Uno de los modelos más sencillos y simplificados que hemos aprendido es el del agente racional maximizador de su utilidad. Siendo una de las personas que más reparos pone a la traslación irrestricta y/o indiscriminada de los resultados de un modelo a la realidad, me permito hacer un ejercicio en este sentido:
-Un individuo, presidente de gobierno o no, tiene sus preferencias y su utilidad. Si queremos comprender su comportamiento, tecesitamos conocer esa fucnión, su función objetivo, y el medio en que se mueve, "las reglas del juego" bajo las que desarrollará su comportamiento maximizador.

-Sobre su función objetivo: no conozco una sola persona con opciones a ser precidente de gobierno que tenga que dedicarse con tesón a procurarse alimento, techo y otras distracciones mundanas que obsesionan al resto de los mortales. Siendo argentino, puedo asegurar que no seré yo quien diga que las cuestiones pecuniarias no despiertan interés para un político, pero me permito, por lo dicho más arriba prescindir de su participación en la función objetivo. Para simplificaciones, yo. ¿Qué nos queda una vez hecho esto? Pues mi intuición al respecto es que las preferencias ordenadas del político presidenciable serían:
-Llegar al poder
-Mantenerse en el poder
-Finalizando su último mandato (más claro cunado hay límites a la reelección), su legado a la posteridad, desde una perspectiva pseudo mesiánica.

-Respecto a las reglas del juego: alcanzar esas metas supone en España ganar elecciones y luego evitar mociones d ecensura o futuras derrotas electorales. La tercera es más fácil, estilo libre. Dentro del proceso electoral, debemos incluir el sobrepeso del voto regionalista en la composición del Parlamento. Que el tercer partido más votado de Cataluña tnega más diputados que el tercer partido más votado de toda España, por ejemplo. A partir de ahí, "con nosotros quien quiera, contra nosotros..."
En estas circunstancias, el sistema pondrá de presidente por sí mismo a quien consiga más votos propios de ciudadanos y ajenos de parlamentarios. Zapatero, estoy convencido, es un crack. Si alguna vez dudé de sus capacidades, me ha demostrado estar un escalón por encima de todos. Comprende mejor que nadie este juego de persuasiones varias, gestos pour la galerie y corrección política (y político, para no ofender a nadie). Tiene en la cabeza, ni más ni menos, lo que le hace falta para estar donde está. Tenemos clara su faceta de negociador con los poderes autonómicos, como todos sus predecesores carentes de mayorías absolutas la tuvieron en su momento. Realpolitik, aunque entre gobiernos que ni se hablan antes o estatutos (perdonen la ingorancia lingüística de este extranjero) hasta en la sopa ahora, auizás deberíamos acuñar el término Surrealpolitik, que sigue siendo bastante "chic". Sólo nos queda, entonces, que el criterio del voto ciudadano favorezca en alguna medida las características que desearíamos ver en un gobierno. Y, además, libre de todo engaño de imagen que pueda hacer ver lo que no es. Desgraciadamente, no comparto la visión de "caso raro" del autor del otro blog, no es Zapatero el que está sin rumbo claro si no más bien el conjunto de alternativas, y como esto siga así, los que vendrán... Cuando lo correcto es un centrismo sin definir, donde las ideas, ideologías, o com ose quira llamar son simplemente banderas tan gastadas de repetirse sin más contenido que un cántico futbolero o la vestimenta uniformada de un grupito de adolescentes, pues no puede haber otro gobierno que el ganador del jeugo del poder, el que mejor lleve agua para su molino. Toda otra característica no relevante para el juego es aleatoria, puede estar o no ya que no v a influir en el resultado.
Puede verse en el comportamiento de la ciudadanía en otras circunstancias que las cosas no siempre fueron iguales. La España del 78 al 86, la Argentina del 83, exigían algo más a quien quisiera ocupar un gobierno. Ojala no haga falta siempre salir de situaciones traumáticas para que primen esos criterios.

Finalmente, el autor hace incapiué varias veces en el problema moral de Zapatero, pero no da más precisiones excepto señalar que hay que ser tonto para no compartir esa opinión. Vamos, que de tan obvio no hace falta que explique nada. Una lástima, no suelo gustar de obviedades o argumentos ex rerum natura, me resultan demasiado cercanos a actos de fe. Prefiero la crítica a la indignación, recordando aquella frase de Marshall McLuhan: "Moral indignation is a technique used to endow the idiot with dignity".